NUEVA VIDA
Capitulo II
Los fuegos individuales en el frente de las chozas del poblado, estaban desapareciendo, solo unas pocas llamas se formaban y podÃan verse cuando un soplo del viento nocturno daba vida a los leños aun no totalmente consumidos, volando las cenizas y algunas chispas con ellas.
Solamente el fuego central, que se encontraba en la plaza, estaba vivo y las llamas daban a las chozas y vegetación alrededor un tono rojizo, cambiando a medida que la suave brisa, movÃa las llamas de la hoguera.
Dos hombres estaban a cargo del fuego de la vida, todas las noches y dÃas, desde un tiempo que Tina no podÃa recordar, mucho antes de su llegada al poblado.
La noche, desde los bosques que rodaban el poblado ofrecÃa una cacofonÃa de sonidos, la mayor parte de los animales llamándose entre si y con el chirrido de algún pájaro marcando su territorio, eventualmente eran interrumpidos por el sonido de los troncos de la hoguera partiéndose y cayendo envueltos en el rojizo anaranjado de una serie de llamas, producidas por su caÃda.
Tina era la única persona además de los encargados del fuego, que estaba despierta en el poblado.
Estaba apretando el pequeño envoltorio fuertemente contra sus pechos, sentada al frente de su choza. Sus ojos vigilaban atentamente los dos hombres, ambos se encontraban sentados conversando, en la enorme pila de troncos, que de cuando en cuando arrojaban al fuego.
Ella a pesar de la distancia podÃa escuchar sus voces, mientras que los hombres indiferentes a lo que no fuera su conversación no prestaban ninguna atención a Tina.
-"El consejo ha votado esta tarde, el resto será la decisión que ella debe tomar, ella es la responsable ahora"
Los ojos de Tina estaban completamente rojos y secos, ya no tenÃa mas lagrimas que vertÃa y presionaba el envoltorio como si quisiera introducirlo dentro de su cuerpo.
Adam su hijo no lloraba, el pequeño orificio que tenia por boca, parecÃa no estar formado para emitir sonido alguno.- Ella miro a su hijo nuevamente –Es verdad es diferente- pensó- Pero estaba vivo y eso era mucho mas que los que podÃa decirse de los otros niños nacidos sin vida en el poblado.
Un aullido desde los bosques cercanos, interrumpió sus pensamientos. Los perros del poblado comiendo los huesos que quedaron esparcidos luego de la cacerÃa de la mañana, cercanos a los fuegos, pararon por un momento con sus orejas moviéndose tratando de determinar la dirección y la distancia del animal.
Una vez convencidos de que no constituÃa un peligro eminente para el poblado, prosiguieron activamente en sus tareas de limpiar los huesos de todo vestigio de carne en ellos.
El silencio que siguió el aullido de lobo, fue nuevamente invadido con el familiar sonido de las ranas, la llamada de las lechuzas, el sonido del viento al mover las ramas y hojas de los árboles, y el circular de las aguas entre los cantos rodados, del arroyo que corrÃa por las chozas proveyendo las necesidades del poblado y otros mil sonidos familiares .
Ella miro nuevamente el conjunto de casas, en el centro frente a la plaza y el fuego eterno, la cabaña de troncos de Tom, el Jefe del consejo, titulo que heredo de su padre lo mismo que su casa la mejor construida de todas las chozas.-
El resto del espacio estaba cubierto en forma circular, por las 25 estructuras una de ellas, la suya, hechas con una mezcla de madera y piel de los animales que constituÃan la dieta de los habitantes, El rÃo corrÃa en un principio en el centro del poblado, pero se excavo un doble canal, para que corriera por detrás del perÃmetro de cada vivienda.
Mas que nunca las memorias se agolpaban en su mente, escenas del pasado que creÃa borradas para siempre volvieron a ocupar un lugar prominente en su imaginación. Su madre, la trajo al poblado por primera vez, cuando ella era solo una pequeña niña.
Tina recordaba como uno por uno los ancianos del caserÃo desaparecieron, los fuegos eran cuidados no solo en la plaza, pero en todas las chozas, solo los jóvenes quedaron, y fue un tiempo de risas y juegos. -" Esos tiempos están ahora tan lejos'-Pensó. -"mam, te trajo de la ciudad de Cristal" -su madre le decÃa- pero también como los otros una vez se fue para nunca volver.- Tom era el mayor de los niños, y les dijo que los viejos se fueron, porque no querÃan contaminar a los niños, después que se sintieron enfermos.-
El padre de Tom fue el ultimo en irse, y hasta su ultimo dÃa en el poblado, continuo enseñando a los niños a cazar, pescar, hacer las trampas y trabajar la piel de los animales asà cazados, secándolas al sol y usando la sal, que se podÃa sacar del océano, que estaba a solo 20 millas del poblado.
Ella recordaba con tiernas memorias, como se realizaban las excursiones de la sal. Cuando todos los residentes salÃan hacia las costas de lo que habÃa sido el Océano Pacifico, llevando consigo bolsas de piel, perfectamente cocidas.
Con ellas se sacaba agua del Océano, y se volcaba a las piletas de piedra que los mayores habÃan preparado, trabajando las piedras una a una con martillos y otras herramientas de metal para que se asentaran sin dejar ningún espacio para escapar el agua. Una vez que el sol evaporaba el agua, una capa de sal de un blanco puro permanecÃa en el fondo.
Se cargaba en los contenedores de piel los mismos usados para transportar el agua a las piletas y se transportaba al poblado. No sin antes jugar y correr en las calidas aguas, tratando infructuosamente con saltos, de eludir las fuertes olas del océano.-
El padre de Tom habÃa sido un hombre bueno, pero las leyes que dejo detrás de el, eran ahora las responsables del destino de su hijo! el especÃficamente Advirtió la necesidad de no dejar ningún nov o adulto, diferente, a permanecer con el grupo, toda mal formación era sospechosa de tener orÃgenes genéticos y su Propagación traerÃa la destrucción a todo el grupo. -"pero su bebe, era tan pequeño"- pensó gimiendo en dolor-"como podÃa ser una amenaza a nadie?"- Tina en el comienzo de su odisea, pensó que Tom, no forzarÃa la ley en ella. El habÃa vivido con ella hasta que se mudo con Vera Allen su presente compañera. Pensó que tendrÃa compasión de su problema.-
El movimiento del bebe, interrumpió sus pensamientos. Tina lo acaricio. Su piel era suave y sus grandÃsimos ojos azules obscuros parecÃan estar observando y siguiendo todo sus movimientos y lo que ocurrÃa a su alrededor. La expresión en su rostro, parecÃa que no solo entendÃa sus palabras pero cada uno de los pensamientos que cruzaban su mente.
La pequeña mano de Adam, presiono los dedos de su madre y ella sintió la firmeza que no se esperarÃa de una mano tan pequeña, como reasegurándola que todo estaba bien, También sintió en esa presión lo extraño de esa mano con 7 dedos de los cuales contaba con dos pulgares opositas a los otros dedos. -"Como el consejo habÃa llegado a tal decisión"-Pensó--"Y como esperaban que ella fuera capaz de cumplirla"-
En ese momento se levanto, su mente habÃa llegado a una decisión y dejando Adam en el suelo envuelto en las pieles cerca del lo que restaba del fuego, entro a la choza, la única habitación que servia de dormitorio, cocina y comedor, la habitación estaba totalmente obscura, pero no se molesto en prender la lámpara con grasa de oso, que se encontraba suspendida justamente en la entrada.
ConocÃa exactamente donde se encontraba cada una de sus pertenencias, de todas maneras no necesitaba muchas, ya que solo podÃa cargar un limitado numero de ellas en el viaje que tenia planeado. Solo lo necesario para proteger al niño, a si misma y cazar en el camino.
Su cuchillo de caza, la bolsa de cuero de conejo con sus agujas de hueso, la vieja muñeca que Mam, le habÃa dado, realmente era su único vÃnculo de una vida tan lejana, que se perdÃa en las memorias de su niñez.
Pensó por un momento en llevar la enorme piel de oso, en un rincón, que le servia de cama, y protección para los meses de nieve, pero cambio rápidamente de idea, era muy pesada e impedirÃa la libertad de movimientos que necesitaba tener en el viaje.
Salió de la choza, y volvió su cabeza por unos instantes, cargo en sus brazos al niño y con paso firme y decidido, se alejo del complejo de cabañas y chozas del poblado.
La luz de la luna, con su resplandor azul plateado iluminaba en un monocromático tono el panorama, y los titilantes fuegos, creaban extrañas formas en las sombras de los árboles en el terreno.
El sonido creado por la suave brisa, al mover el follaje de los árboles, y el correr del agua del arroya al cual seguÃa, producÃan un efecto tranquilizante que su espÃritu mucho necesitaba, por su decisión de alejarse de la seguridad del poblado, salvando con ella a su hijo de una horrible muerte. Sus acciones le daban una fuerza que desconocÃa estaba dentro de ella Se detuvo por unos momentos, mirando hacia atrás con nostalgia, la silueta de las chozas, y la titilante iluminación de las llamas. El poblado era el único lugar que recordaba haber vivido, y todas sus memorias emanaban del mismo.-
Se pregunto a si misma si alguna vez verÃa el poblado nuevamente, en el se habÃa sentido segura, bajo la protección del grupo, pero ahora estaba sola, y con la responsabilidad de cuidar por Adam.
Pero para su sorpresa, no sentÃa el temor que pensaba harÃa presa de si misma, experimentaba una seguridad , como nunca habÃa sentido, y apretando a Adam aun mas contra su pecho, comenzó otra vez su marcha, siguiendo el curso del rÃo, dejando detrás, la protección del poblado y la única vida que habÃa conocido.
En la misma proporción que la distancia entre ella y el poblado aumentaba, comenzó a sentirse más segura acerca de su decisión, con la convicción que habÃa hecho lo que debÃa hacer.
Como si las ataduras al pasado fueran disminuyendo con cada uno de sus pasos, que se hacÃan cada vez mas firmes Mientras caminaba, su mente comenzó a recordar los eventos de los últimos dÃas.
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